UNA TARDE DE SORPRESAS. Una aventura familiar
🌳UNA TARDE DE SORPRESAS
Una visita a los abuelos, fruta recién cortada, agua fresca y un rato en familia, es una tarde sencilla. Pero, si además se llena de: aprendizajes y admiración. Se convierte en una tarde ideal y los recuerdos que se quedan para siempre.
Casi siempre las mejores enseñanzas llegan mientras compartimos, trabajamos juntos y buscamos la manera de hacer que las cosas funcionen.
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🌳UNA TARDE DE SORPRESAS
Isabel, Raúl y Estefanía llegan a La Ponderosa, la granja de los abuelos paternos, dispuestos a pasar una tarde en familia. Apenas bajan del auto, Estefanía corre a saludar.
—¡Abuelooooos!
La abuela les sonríe.
—Llegaron justo a tiempo. Hoy hay fruta para cosechar. — el abuelo les muestra una pera.
Eso basta para que Estefanía salga corriendo entre los árboles.
Primero encuentran naranjas; algunas están tan arriba que Raúl tiene que estirarse todo lo que puede para alcanzarlas.
—¡Esa, papá! ¡La de allá!
—¿Esta?
—¡Nooo! ¡La otra!
Isabel y los abuelos ríen mientras Estefanía dirige la cosecha como si fuera la encargada de toda La Ponderosa. Después llegan los higos, dulces y suaves, y más adelante algunas peras escondidas entre las hojas.
—Mira, mamá —dice Estefanía levantando una especialmente grande—. Esta es la campeona.
—Entonces tendrá que ir hasta arriba de la canasta —responde Isabel.
Poco a poco las canastas se llenan y la tarde parece perfecta, hasta que el abuelo nota algo extraño: el agua no está llegando a los árboles del fondo. Todos siguen el pequeño canal de riego; el agua avanza un poco y luego se queda estancada.
—Algo debe estar tapando el paso —dice Raúl.
Isabel ya está observando el recorrido.
—Si el agua llega bien hasta aquí, el problema tiene que estar más adelante.
Camina junto al canal, aparta unas ramas y pronto encuentra hojas secas, tierra y pequeñas piedras acumuladas.
—¡Aquí está!
Raúl se acerca para ayudarla y Estefanía, por supuesto, también quiere participar. Entre los tres retiran las ramas, limpian el paso y acomodan nuevamente la tierra de los bordes. Esperan unos segundos y, de pronto, un hilito de agua comienza a avanzar.
—¡Mamá, mira! ¡Funcionó!
—Qué bueno que vino Isabel —el abuelo sonríe satisfecho.
—Mi mamá sabe arreglar todo— Estefanía levanta la barbilla, orgullosa.
—No todo —dice Isabel entre risas.
—Casi todo —corrige Raúl.
Después de tanto trabajo llega otra de las grandes maravillas de La Ponderosa: la pila de agua. Estefanía se pone el traje de baño y, unos minutos después, ya está nadando de un lado a otro, salpicando y llamando a su mamá cada vez que descubre una nueva habilidad.
—¡Mamá, mira cuánto aguanto debajo del agua!
Su mamá la mira orgullos.
Al final de la tarde, todos se reúnen bajo la sombra de los árboles. Hay zapatos con tierra, ropa mojada y una canasta llena de fruta recién cortada. La abuela reparte algunos higos y Estefanía se sienta junto a su mamá.
Ha sido una tarde de naranjas, peras, agua fresca, risas y pequeñas sorpresas, pero Estefanía se lleva algo más. Mientras mira a Isabel, piensa que su mamá tiene una habilidad especial: cuando algo no funciona, observa, piensa, prueba… y encuentra la manera.
Quizá por eso se siente tan segura cuando está cerca de ella, porque sabe que, si alguna vez aparece una dificultad en el camino, seguramente su mamá dirá:
—A ver… vamos a ver cómo lo arreglamos.
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Entre ramas y naranjas,
bajo el cielo y junto al sol,
una tarde va guardando
risas dentro del corazón.
Hay caminos, agua fresca,
fruta dulce que compartir,
y una niña que descubre
que siempre se puede seguir.
Porque cuando algo se atora
y parece no tener fin,
hay quien mira, piensa y prueba…
hasta encontrar la solución.
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Tal vez los niños olviden los detalles de una tarde compartida, que comieron, a que jugaron. Pero seguramente en su interior guardaran algo mucho más importante: Como se sintieron.
Porque nuestros hijos aprenden mucho de lo que les decimos, pero quizá aprenden todavía más de la manera en que nos ven caminar por la vida.
Y así, entre frutas, agua, tierra y risas, una tarde cualquiera en La Ponderosa se convierte en uno de esos pequeños recuerdos que ayudan a contar la historia de una familia.

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