Loky. Un nuevo integrante en la familia y los recuerdos más valiosos del corazón.

 🐶🪄LOKY 

Hay encuentros que parecen pequeños… pero guardan algo inmenso. A veces, basta una caricia para abrir una puerta que no sabíamos que existía.



 🐶🪄LOKY 

Laura, Héctor, Karina y Brenda caminan juntos por el parque mientras la tarde se pinta de tonos dorados. Van platicando, riendo con ganas de las ocurrencias de uno y otro, pateando piedritas en el camino. Les gusta ir al parque, todos juntos. Mamá y papá los observan desde una banca; se sientan a charlar. La risa cantarina de Conny llena el ambiente. Héctor siempre la hace reír.

Los cuatro hermanos se sientan a contar chistes bajo un árbol, pero después de un rato deciden volver a caminar. Hoy no traen pelota ni bicicletas. Solo quieren caminar, sin buscar nada especial. Lo que no saben es que algo está por encontrarlos a ellos.

Debajo de un árbol, muy quieto, hay un perrito blanco de ojos enormes. Es pequeño, de pelaje suave y expresión risueña. Cuando los ve, mueve un poco sus patitas, pero no se aleja; espera por ellos.

Brenda es la primera en acercarse.

—Hola… —susurra, agachándose.

El perrito no se mueve. Solo la mira.

Karina sonríe y se acerca también. Héctor duda un segundo, pero termina por sentarse junto a ellas. Laura observa con atención, como siempre, asegurándose de que todo esté bien.

—Está solo… —dice Laura finalmente.

El perrito da un pasito hacia ellos.

Brenda lo acaricia… Y entonces ocurre.

El parque desaparece.

Brenda está en otro lugar. Está en una sala llena de luz. Hay risas. Está sentada en el suelo, jugando, mientras alguien le acomoda el cabello con cariño. Siente calor en el pecho… esa sensación cálida que se experimenta cuando sabe que está segura y es amada. Quiere quedarse ahí.

—¡Brenda! —escucha a lo lejos.

Todo vuelve.

Brenda abre los ojos. Está otra vez en el parque. Sus hermanos la miran.

—¿Qué pasó? —pregunta Karina.

—Recordé algo… bonito. —Brenda tiene los ojos brillosos, pero sonríe.

Se miran entre ellos.

Karina se inclina y acaricia al perrito. Otra vez, todo cambia.

Ahora es Karina quien está en otro momento: está corriendo, riendo sin parar, sintiendo el viento en la cara. Alguien la persigue en un juego. Se siente libre, ligera, feliz. Su risa sube por el pecho y estalla en su boca… es la mejor sensación de todas.

—¡Se siente de verdad! —dice, sorprendida al regresar.

Héctor no espera más. Se acerca y toma al perrito con cuidado.

Cuando lo acaricia, su gesto cambia.

Está en un abrazo. Uno fuerte, seguro. Siente que puede quedarse ahí para siempre. No hay enojo, no hay prisa. Solo calma. Se siente tan cómodo estando así: protegido y amado.

Cuando vuelve, se queda callado un momento.

—Quiero… volver a sentir eso —dice en voz bajita.

Laura los observa. Sus hermanos se ven distintos. Ahora parecen más tranquilos, más seguros.

Se acerca despacio y acaricia al perrito. Y entonces lo entiende.

Está en un momento donde todo está bien. Todos están juntos. Al fondo se ve un árbol de Navidad, regalos… la mesa servida. Pero lo más importante es que el ambiente se siente cálido, en paz, lleno de amor. No hace falta decir nada.

Cuando regresa, respira profundo.

El perrito mueve la cola.

Los cuatro se quedan en silencio.

—Creo que… nos está enseñando algo —dice Laura.

—Que los recuerdos no se van —agrega Karina.

—Que siguen aquí… —dice Brenda, tocándose el pecho.

—Y que podemos volver a ellos. —Héctor abraza al perrito.

—Vamos a llevarlo a casa. —Laura asiente.

El perrito ladra suave y mueve la cola.

—Él está de acuerdo. —ríe Brenda.

Caminan de regreso, más juntos que antes. No hablan mucho. Cada uno va pensando en sus recuerdos.

Al llegar junto a sus padres, se miran entre sí.

—Mamá, papá… —Laura da un paso al frente—. Encontramos un nuevo amigo.

—¿Podemos llevarlo a casa?

Se reúnen todos. El perrito pasa de mano en mano.

—Tienen que verlo —dice Brenda.

—Y sentirlo —agrega Karina.

Uno a uno, sus padres lo acarician. Sus expresiones cambian, su sonrisa se hace más grande, los ojos de Conny se humedecen.

¡Lo han descubierto!

—Vamos a casa —dice Héctor—. Tenemos un nuevo integrante en la familia.

Todos sonríen y asienten.

—¿Qué nombre le van a poner? —Pregunta Conny.

—Loky —Sugiere Héctor.

Todos se muestran de acuerdo. 

Al llegar a casa, se percatan de que ahora hay algo distinto. Se siente más amplia, más completa.

Lo saben: son memorias, es cariño, es presencia.

Esa noche, Loky duerme a los pies de la cama de las niñas.

Suspira tranquilo, sabe que ha llegado a su hogar. Está en donde debe estar.


🌳🐶🪄🏡

Un toque suave,

un instante vivido,

y el corazón recuerda

lo que nunca se ha ido.


🌳🐶🪄🏡


Hay recuerdos que viven tan dentro del corazón que no es posible que se pierdan. Quedan en pausa hasta que llegue el momento para volver a sentirse. Y a veces, llegan en formas inesperadas… como un pequeño perrito que aparece justo cuando más se le  necesita.



Autora de cuentos infantiles
 Mamá Búho Cuenta





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