UN DÍA DE CAMPO. Risas y juegos para guardar en el corazón
☀️UN DÍA DE CAMPO
Hay días en que hace falta correr bajo el sol, inventar juegos y aventuras.
El paseo en familia, siempre es sensacional, subir al carro, con la expectativa de ir al campo, comer cosas deliciosas, y saber que será un tiempo para reír con ganas y compartir tiempo juntos.
El campo parece que todo es más intenso, las experiencias dejan recuerdos que permanecen para siempre.
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☀️UN DÍA DE CAMPO
El sol apenas se despierta… sin embargo Caro, Ramón, Ilse, Juanjo y Flor ya están listos… inquietos y ansiosos: hoy es un día especial. Sus papás acomodan canastas, mantas y jugos en el carro, ellos ayudan entre bromas. Ya en camino no dejan de reír y preguntar cuánto falta para llegar.
El camino parece corto, porque la emoción lo llena todo.
Al llegar, el campo los recibe con pasto fresco, árboles altos y un cielo con algunas nubes aquí y allá. Es un día hermoso. Apenas bajan del carro, los cinco salen disparados ¡Quieren aprovechar todo el tiempo posible!
—¡Juguemos carreras! —dice Caro.
—¡Pero también hagamos un fuerte! —responde Ramón, buscando ramas y piedras.
Ilse se queda un momento mirando las nubes, descubriendo figuras que cambian lentamente. Juanjo, mientras tanto, ya empieza con sus bromas, haciendo reír a todos sin parar. Y Flor, la más pequeña, camina feliz recogiendo florecitas, guardando pequeños tesoros en sus manos.
Entre juegos inventados, risas y carreras, el tiempo vuela.
Cuando el hambre aparece, se sientan sobre una manta. Comparten sándwiches, jugo y fruta. Todo sabe más rico ahí, entre el aire libre y las carcajadas. Juanjo cuenta un chiste y casi se le cae el jugo de tanto reír. Ramón intenta hacerlo mejor… y todos terminan riendo aún más.
Después del refrigerio, siguen jugando. Inventan nuevas reglas, cambian los juegos, corren, se esconden, se encuentran. No necesitan nada más que estar juntos.
Poco a poco, el sol comienza a bajar. El cielo se pinta de tonos dorados y el aire se vuelve más suave. El cansancio llega, pero es un cansancio bonito, están felices de haber pasado ese día juntos.
De regreso a casa, el auto va en silencio. Algunos se quedan dormidos, otros miran por la ventana. Pero todos llevan algo dentro: las risas, los juegos, las bromas… y ese calorcito que deja un día compartido en familia.
Todos saben que este día lo guardaran para siempre en el corazón.
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Corren los cinco entre risas y viento,
inventan juegos en cada momento.
Caro propone carreras al río,
Ramón construye un fuerte bravío.
Ilse descubre figuras en nubes,
Juanjo hace bromas que nadie rehúye,
y Flor, la pequeña, camina despacio,
guardando el campo en sus manitas.
Comparten pan, jugo y dulzura,
una merienda llena de ternura.
Y entre carcajadas, sin darse cuenta,
la felicidad crece y se queda.
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Cuando la tarde comienza a pintar el cielo de dorado, regresan cansados, pero con el corazón lleno.
En el silencio tranquilo del camino, cada uno guarda un pedacito del día: las risas, los juegos, las bromas… el amor.
Y aunque el campo queda atrás, saben que lo más importante viaja con ellos: la alegría de estar juntos, y la certeza de que esos momentos se quedan para siempre.

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