PEQUEÑO BAILARÍN. Amor de abuelo
👦🏻 PEQUEÑO BAILARÍN
A veces basta escuchar una canción, cerrar los ojos por un instante o dejar que el corazón viaje hacia la casa de los abuelos para volver a encontrarlos.
Este cuento nace de uno de esos momentos sencillos que, sin que nadie lo imaginara, terminaron convirtiéndose en un tesoro.
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👦🏻PEQUEÑO BAILARÍN
Es una tarde tranqulia. La abuela y mamá acomodan algunas cosas en el comercio mientras conversan en voz baja. Todo parece seguir el ritmo pausado de cualquier día familiar, hasta que Luis Armando aparece en medio de la sala y transforma la tarde en una pequeña fiesta.
Tiene apenas tres años y una energía que parece no terminar nunca. Si escucha música: baila.
No importa de dónde venga la melodía. Puede salir de la radio, de la televisión o de algún rincón de la casa, basta que alguien aplauda y empiece a cantar. Apenas llegan las primeras notas a sus oídos, sus pies comienzan a moverse. Luego se mueven sus manos, sus hombros y todo su cuerpo. La música vive en él.
Desde su sillón, el abuelo lo observa.
Sus ojos siguen cada paso, cada vuelta y cada ocurrencia del pequeño. A veces sonríe. A veces ríe abiertamente. Hay algo en aquel pequeño que siempre logra alegrarle el día.
Él gira sobre sí mismo, levanta los brazos y continúa bailando con la felicidad sencilla de la infancia.
Entonces comienza a escucharse una melodía solemne. El abuelo la reconoce de inmediato. Es el Himno Nacional.
Por un instante observa al niño. Espera, quizá, que se detenga. Pero Luis Armando sigue moviéndose con la misma emoción de siempre, convencido de que toda música existe para bailarse.
—¡Este muchacho baila hasta el Himno Nacional! —La carcajada del abuelo llena la habitación.
Mamá y abuela sonríen mientras los observan desde el comercio.
El pequeño no entiende por qué todos se divierten tanto. Solo sabe que la música continúa y que él quiere seguir bailando.
El abuelo no puede apartar la mirada. Durante muchos años fue soldado y siente un profundo respeto por los símbolos patrios. Sin embargo, frente a él está su nieto más pequeño, bailando con una inocencia tan grande que resulta imposible no enternecerse.
La música termina y la tarde sigue su curso. Ahora ese momento solo vive en la mente de quienes estuvieron ahí. Un instante tan sencillo se convierte en un hermoso y divertido recuerdo.
Hay momentos que parecen pequeños mientras suceden. Y, sin embargo, encuentran la manera de quedarse para siempre en el corazón.
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Hay canciones que se olvidan,
y otras que el alma conserva.
Hay risas que duran un instante,
y otras que se quedan para siempre.
Quizá la música termina...
Pero el amor de un abuelo
siempre estará presente.
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A veces creemos que los recuerdos más importantes nacen de los grandes acontecimientos. Sin embargo, la vida suele sorprendernos: son las tardes sencillas, las carcajadas compartidas y los pequeños gestos de amor los que permanecen para siempre en el corazón.
Tal vez nadie recuerde la fecha exacta ni la ropa que llevaba puesta el niño. Pero permanecerá la imagen de un abuelo riendo a carcajadas y de un nieto bailando en medio de la sala.

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