APRENDIENDO A PATINAR.Un cuento sobre perseverancia, confianza y el valor de intentarlo una vez más.
🛹 APRENDIENDO A PATINAR
Aprender algo nuevo casi nunca es tan sencillo como parece. A veces el cuerpo duda, el miedo se asoma y las ganas de rendirse susurran bajito. Pero también están las manos que acompañan, las palabras que orientan y esa pequeña voz interior que dice: “inténtalo otra vez”. Este cuento habla de eso… de crecer, de confiar y de descubrir que el equilibrio no solo se encuentra en los pies.
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🛹APRENDIENDO A PATINAR
Alberto camina junto a su papá. Llegan al parque, tiene su patineta bajo el brazo, se siente emocionado, pero también un poco nervioso. Hace días que observa a otros niños deslizarse con facilidad, girar, saltar pequeños bordes y sonreír. ¡Hasta parece que vuelan! Él quiere sentir eso también.
Pone la patineta en el piso y la mira un momento. Parece sencillo, pero cuando pone un pie encima descubre que no estan sencillo. La tabla se mueve más de lo que esperaba y su equilibrio no es tan firme. Intenta subir los dos pies, pero apenas avanza un poco cuando tiene que bajar de prisa para no caer. Se siente frustrado y mira a su papá. El lo mira con una sonrisa para animarlo.
—Mira al frente, no a tus pies —le dice su papá con serenidad—. Dobla un poco las rodillas y mantén el cuerpo relajado. Confía en ti.
Lo intenta otra vez. Esta vez respira profundo antes de impulsarse. Avanza unos segundos más, aunque todavía inseguro.
Entonces un niño que ya domina la patineta se acerca y, con calma, le comparte algunos consejos: cómo acomodar mejor los pies, cómo impulsarse, cómo caer sin hacerse daño. Le muestra como hacerlo y lo invita a imitarlo.
Alfredo escucha con atención, observa y luego, vuelve a intentar. Poco a poco logra recorrer más distancia. Se tambalea, pero ya no baja de inmediato. Empieza a sentir más confianza, mejora su equilibrio.
Regresa al parque los días siguientes. Practica una y otra vez. Se cae algunas veces, pero ya no se queda en el suelo; se levanta se sacude el polvo y vuelve a subir. Su papá aplaude sus esfuerzos y lo felicita.
Con el paso de los días, se desliza confiado y seguro, ahora disfruta el viento que le roza el rostro. Un día intenta un pequeño giro y lo consigue. Más adelante prueba un truco sencillo y también lo logra.
Se siente orgulloso. No son movimientos espectaculares, pero son el resultado de su esfuerzo, Sabe que lo ha logrado, porque ha practicado, ha tenido paciencia y escuchado consejos.
Comprende que aprender algo nuevo requiere esfuerzo y con ayuda es más sencillo, y así, el miedo se hace más pequeño… y la alegría más grande.
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Rodar no es no caer,
es volver a levantarse.
El equilibrio no vive en la tabla,
vive en el corazón que se atreve.
A veces creemos que aprender se trata solo de lograr algo nuevo, pero en realidad se trata de lo que descubrimos en el camino: paciencia, constancia, humildad para escuchar y valentía para intentarlo otra vez. Cuando un niño aprende a andar en patineta, también aprende a confiar en sí mismo. Y esa es una habilidad que le acompañará mucho más lejos que cualquier truco.

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