CRUNCH Un cuento infantil sobre adopción, paciencia y segundas oportunidades
🐾 CRUNCH
A veces, los encuentros más importantes suceden cuando alguien se detiene a mirar con el corazón.
Este cuento habla de un perrito asustado, de un niño atento y de cómo la paciencia, la ternura y el cuidado pueden transformar la soledad en familia. 🏡
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🐶 CRUNCH
Una tarde cualquiera, Luis va de regreso a casa después de ir a la tienda. Su mamá le ha encargado leche y pan.
Cuando pasa cerca de un gran camión que casi nunca mueven, se da cuenta de que bajo él se encuentra un perro café.
Se agacha un poco y le habla con voz suave:
—Hola… no tengas miedo.
El perro mestizo tiene la mirada asustada. Parece cansado. Lo escucha atento, pero no se mueve.
—¿Tienes hambre? ¿Quieres un poco de pan? —le ofrece un pedazo.
—Tiene ahí un par de días —le explica un guardia que trabaja en la esquina—. Yo le he puesto agua, pero está asustado; solo sale a tomarla cuando me alejo.
—Sí, se ve asustado. Pobrecito, no tiene familia.
Luis le acerca un poco más el cuenco con agua y otro pedazo de pan. Luego se queda ahí, en silencio.
El perro mueve un poco la cola, pero no se acerca.
Luis se aleja un paso, respetando su espacio.
—Aquí está… cuando quieras —le habla en voz baja.
Después de un momento de duda, el perro se acerca con cautela, cojeando un poco. Olfatea… y come.
Luis le sonríe.
—Parece que tienes la pata lastimada —le dice con cariño—. Eres muy valiente.
Le ofrece otro pedazo de pan. El perro se acerca un poco más.
Luis no deja de hablarle.
Después de un rato, se levanta y le hace una seña.
—Ven conmigo. Mi casa está cerca.
El perrito lo mira. Tiene miedo, pero algo en ese niño le da confianza.
Da un paso… y otro más. Cojea un poco, pero no se detiene.
Al llegar a casa, el niño y su papá lo llevan a la veterinaria.
—¿Cómo se llama? —pregunta la doctora mientras revisa su patita.
—No sabemos aún, lo acabamos de encontrar —responde Luis—. Creo que por ahora le llamaremos Crunch.
—Crunch es un buen nombre —sonríe la veterinaria—. Pronto estará bien. Su herida ya está limpia, solo hay que cuidar que no se quite la venda.
Durante los días siguientes, Luis coloca carteles por la colonia, por si alguien lo está buscando.
Pero pasan los días… y nadie lo reclama.
Entonces, una tarde, la familia se mira y lo entiende:
el perrito ya encontró su hogar.
Ahora la familia es de cuatro: mamá, papá, Luis… y Crunch.
Juegan juntos, salen a pasear y comparten el tiempo.
Crunch ya no se esconde.
Ahora corre, mueve la cola y duerme tranquilo, sabiendo que ya no está solo.
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A veces el amor llega
cojeando un poco,
con miedo en los ojos
y esperanza en el corazón.
Y cuando alguien observa y cuida
la familia crece…
🐾 🐾 🐾 🐾
A veces no se trata de buscar, sino de detenerse. De mirar con calma, de escuchar con el corazón
y de dar tiempo a que la confianza crezca. Ofrecer apoyo, paciencia y cariño. Y así, la soledad puede transformarse en hogar.

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